domingo, 27 de enero de 2013

7.NO ERES UN SUPERHEROE.




Un guardia rubio que no debía de tener más de 19 años nos indicó el final del turno. Por fin eran las diez. Había sido horrible, agotador y encima no podía parar de pensar en lo que hacía pocas horas había pasado. Annie estaba tan destrozada como yo. No nos había servido de nada ducharnos la noche anterior, pues la suciedad había vuelto.
Nos estiramos y salimos de las minas. Yo no había vuelto a abrir la boca. Estaba en estado de shock. Cada vez que cerraba los ojos me volvía a la mente la cara de ese guardia y notaba sus frías manos sobre mi cuerpo.
-Dulce ¿No vas a decir nada? -me pregunto Annie asustada. Creo que había estado hablando todo el trayecto casa, pero yo no había escuchado nada, lo único en lo que podía pensar era en la imagen de el encima mía y en Jake. ¿Dónde estaría ahora? ¿Cómo había logrado sobrevivir? ¿Por que trabajaba para quien le había intentado quitarle la vida? Tenía tantas preguntas que hacerle y no estaba segura de sí le volvería a ver.
Faltaba poco para llegar a casa, ahora solo pensaba en cómo actuar normal frente a mi madre. No quería que sintiera que nada iba mal. Estaba todo oscuro pero en la oscuridad distinguí un camión enorme con los cristales tintados que paro frente a un edificio gris de la policía. Sin darme casi cuenta ya estaba escondida detrás de un contenedor agachada.
-Dulce tranquila, estos no te van a hacer lo mismo. -me dijo Anni poniéndose a mi lado mientras apoyaba una mano en mi hombro.
Yo le hice un gesto para que se callara y asome la cabeza por un lado.
-Mira. -le dije, y me asombre a mí misma pudiendo articular una palabra. Ella se asombró al igual que yo y se colocó en la misma posición mirando por un lado.
-¿Qué pasa?
-¿No ves a esos guardias? Están sacando a dos personas con unas bolsas.
-Bueno Dulce, serán presos. Vámonos por favor, estoy cansada.
-No se toman tantas molestias cuando transportan a presos.
Continué mirando y vi cómo les metían a empujones dentro del edificio y como ambos guardias miraban a los laterales para asegurarse de que nadie les había visto.
-¿Ves? Esto es muy extraño.
-Bueno, que más dará. Vámonos Dulce. Hace frío.
-¿No te resultaban familiares?
-Pero que dices, si llevaban una bolsa en la cabeza. Anda, vámonos.
Pero no le hice caso y me puse en pie mientras me acercaba lentamente al edificio.
-¡Dulce ven aquí! -me grito Annie medio en un susurro. -¿Cuándo vas a entender que no puedes salvar a todo el mundo? No eres ningún superhéroe, solo eres una niña entrometida que debería estar cuidando de su madre.
Sabía que Annie tenía razón, pero algo dentro de mí me obligaba a seguir adelante. Tenía que saber que estaban tramando. De repente note las manos de alguien en mi espalda. Me di la vuelta asustada y vi a Annie.
-Joder Annie que susto.
-Dulce vámonos, no quiero meterme en problemas. -me dijo con la voz temblando -Dulce por dios, vámonos.
Pero yo ya no le hacía caso, estaba centrada en la puerta de metal que tenía ahora delante de las narices. Cogí la manilla con cuidado, como si pudiera darme un calambrazo, y la abrí lentamente. No pensaba que fuera a estar abierta, pero para mi sorpresa si lo estaba. La abrí casi del todo y antes de meterme mite a Annie.
-¿Entras o te vas? Pero ahí no te quedes. -Ella me miro analizando mis palabras. Sabía que iba a venir. Si había algo que le aterraba era la oscuridad y todavía quedaba un buen camino hasta casa. Soltó un suspiro que me hizo sonreír.
Entramos lentamente, intentando hacer el menor ruido posible.
Avanzamos por pasillos que daban a más pasillos, con puertas todas cerradas a los lados, pero con unos pequeños circulitos que dejaban ver el interior. Todos eran cuartos oscuros.
-¿Era una escuela? -me pregunto Annie. Yo me encogí de hombros.
-Puede ser.
Seguimos andando hasta que oímos voces a lo lejos. Las seguimos lentamente, escondiéndonos por las esquinas. Cada vez las voces eran más fuertes.
-¿Donde está la cinta? -pregunto una voz fuerte.
-Ahora mismo voy señor. -le contesto otra más débil.
-¡Ya debería de estar todo preparado joder! ¡Es de vital importancia que vean la cinta esa! -grito de nuevo la voz fuerte. Giramos una esquina y vimos la silueta de Un hombre ancho y corpulento de espaldas a nosotras. Rápidamente dimos marcha a otras y giramos una esquina, pegando el cuerpo contra la pared y respirando con dificultad. ¿Y si nos había visto?
Oímos pasos rápidos, como si estuviera corriendo alguien. Me acerque al odio de Annie quien estaba temblando.
-Prepárate para correr -le susurre.
Y antes de que pudiéramos echar a correr oímos otra vez la débil voz.
-Aquí esta señor. -le dijo con la voz acelerada, como si hubiera corrido una maratón. Yo me relaje.
-Bien, ahora vete al camión y espérame con el motor encendido, ¿Entendido?
-Sí señor.
Después escuchamos unos pasos y un portazo. Trague saliva y asome la cabeza por la pared. Ya no había nadie. Alargue el brazo para tocar a Annie y sin mirarla empecé a avanzar.
-Vamos. -le dije susurrando.
-¿Estás loca? Vámonos a casa Dulce. Te lo pido por favor.
No le hice caso y seguí avanzando. Segundos después escuche como Annie me seguía.
Llegamos a la puerta donde antes estaba el hombre corpulento y me asome por la ventana. Busque con la mirada. Una sala como las anteriores, con las luces encendidas. Unas sillas y encima de ellas sentados un hombre y una mujer. Una pantalla y al lado un ordenador, donde el hombre corpulento metía un disco. Me asome un poco más, en el preciso momento en el que la mujer giro la cabeza hacia mí. Se me helo la sangre. Oh oh...
Me eche a un lado y mire a Annie, que parecía tan frágil, apoyada contra la pared mirando a la nada.
-Será mejor que nos vayamos. - le dije dándome la vuelta.
-¿Ahora sí? ¿Que había ahí? -me pregunto intentando asomarse a la puerta.
-Nada. -le conteste poniéndome delante de ella evitando que pudiera asomar la cabeza.
-Quita Dulce ¿Tu puedes verlo y yo no? Además ¿A qué viene esa cara? Parece como si hubieras visto un muerto.
Me aparto de un empujón y se asomó. Cuando se giró y me miro a la cara vi sus ojos llenos de miedo y vidriosos, como su fuera a echarse a llorar en cualquier momento.
-So-son -empezó a decir tartamudeando y temblando, apunto de llorar-son mis padres. -y una lagrima le mojo la mejilla, y luego otra, y otra, hasta que todo ella eran lágrimas.

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