Me desperté a las 5.30 de la mañana. Me puse el mono y las
botas. Hoy, como todos los días desde que tenía 7 años, tenía que ir a las
minas a trabajar.
Salí del cuarto con cuidado de no despertar a mi madre. Llevábamos
durmiendo juntas desde que mi padre murió. Una de las razones para ello era que
habíamos alquilado el cuarto de al lado a otra familia, así nos costaba menos
mantener la casa, si no solo con mi salario no nos daría para todo. Si mi madre
hubiera podido trabajar, la cosa habría sido diferente, pero tras el accidente
que mató a mi padre ella se quedó paralitica.
Salí de casa y me dirigí a las minas. Ahí me esperaba mi
mejor amiga Annie. Ella vivía en una situación parecida a la mía, al no tener
hermanos era ella la que tenía que trabajar en las minas, como yo, pero ella vivía
con su abuela, pues sus padres habían desaparecido hacía 5 años. Todos les dábamos
por muertos, hasta Annie.
-Buenos días Annie ¿Cómo has dormido hoy? –le pregunté simulando
una sonrisa.
Ella me miró y puso sus ojos en blanco, yo reí.
-Mi abuela casi no me ha dejado dormir. Decía que iban a
venir a por nosotros, que teníamos que irnos, que no esperáramos a nadie y
cosas así. Lleva demasiado tiempo con sus delirios.
-¿Te ha dicho algo más el medico?
-¿Qué va a decirme? El gobierno no le deja mecanismos ni
para hacerle un escáner cerebral.
-Son unos desgraciados. ¿Es que no ven que vamos a morirnos
como no hagan algo?
Annie me miró con los ojos como platos.
-No digas eso, nos pueden oír.
-Pues que nos oigan. –Dije yo, cogí la pala y me metí en la
mina.
Annie me siguió por detrás sin decir nada más. Yo sabía que
hablar de estas cosas no estaba bien, no estaba nada bien. Pero no aguantaba
más, después de la gran crisis que hubo en España todos nos tuvimos que apañar
como pudimos. El norte fue el menos afectado, donde vivíamos nosotras, pero aun
así nos tocó escondernos y no hablar demasiado alto. Si aquí, que fue el lugar
menos afectado, los niños de 5 años ya empezaban a trabajar en minas o en fábricas,
explotados y mal pagados, viviendo en casa compartidas con más familias, sin
casi ropa, ni espacio, ni nada, imaginaos como fue en el sur. Murió más de la
mitad de la población, y cuando digo murió, me refiero a que los asesinaron. Está
claro que no dijeron nada ni salió en las noticias, pues en las noticias ya no
se hablaba de nada que no estuviera permitido, pero yo lo sabía, todos lo sabíamos.
¿Los motivos que nos llevan a pensarlo? Bueno, en primer lugar no había trabajo
ni para un cuarto de la población, lo único que hacían era mendigar y vivir de
los ricos que sentían pena por ellos, pero el gobierno, que ahora estaba liderado por un dictador, pensó
que ese dinero les vendría bien a ellos. Claro está que eso tampoco salió de
sus bocas y los ricos siguen donando sin saber que ese dinero lo están gastando
personas que se callan como putas. Así pues la gente empezó a morir de hambre,
de frio y de enfermedades. Si, puede que nadie matara a nadie con pistolas o cámaras
de gas, pero los mataron de una manera más cruel aún, dejaron que se murieran. A
el norte no tardaría en llegar esa situación, estaba segura, pero esperábamos tener
un plan para entonces o que los países de fuera se dieran cuenta de lo que
estaba ocurriendo y de alguna manera nos rescataran. ¿Pero quién se iba a
enterar de eso si ni siquiera les importaba a donde iba destinado su dinero? Estábamos
en un agujero negro, mucha gente había preferido suicidarse, puede que fuera la
mejor opción, pero la mayoría carecíamos del valor necesario para ponerlo en práctica,
además, algo dentro de nosotros nos daba fuerzas para seguir luchando, para no rendirnos,
algo dentro nos decía que alguien nos salvaría. Muchos lo llamaban fe, yo no
sabía cómo llamarlo, pero estaba segura de que algo pasaría, no era justo lo
que nos estaba pasando, no era nada justo. Pero que sabría yo, solo tenía 16
años y muchas ideas en la cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario